De lo qué hablo cuando hablo de mindfulness

El término mindfulness se ha convertido en “trending toppic” en la empresas innovadoras ya que propone una actitud frente al trabajo de concentración y automotivación para mejorar la productividad.

Corporaciones como Google han creado programas para sus empleados como “Search inside yourself” para que los trabajadores puedan pulsar el botón pause de su cerebro y aprendan a practicar esta parte de la meditación que tan buenos resultados da en el trabajo.

Otras como Nike, Yahoo!, o AOL incentivan a sus empleados a que practiquen yoga durante las horas de trabajo para renovar la energía y volver con la mente más calmada.

Desde hace unos meses practico la meditación de forma periódica y he comprobado como mi capacidad de concentración ha mejorado, no solo en el terreno laboral, sino también en el personal. Cuando hablo de meditar no hablo de de mindfulness, éste último es una parte muy concreta de la meditación.

La práctica de meditación que yo entreno pertenece al budismo, pero también los yoguis indios practican meditación. La meditación budista contempla diferentes etapas. La primera etapa sería dejar la mente en blanco y libre de distracciones. Ésta primera parte es el mindfulness, el vaciado de las preocupaciones de la mente. Esta parte se puede realizar en cinco minutos y es muy beneficiosa para nuestro día a día ya que nos hace centrarnos en el momento presente y relativizar nuestras preocupaciones. Consiste en crear un espacio interior en el que no pensamos en absolutamente nada, a lo sumo, nos escuchamos a nosotros mismos, nuestra respiración, las palpitaciones del corazón o nuestro estómago protestando a la hora de la comida.

Para realizar una meditación completa deberíamos pasar de ese estado de vaciado interior, a la concentración en un objeto de meditación. Este objeto puede ser el querer hacer feliz a una persona en concreto, o abordar una forma de pensamiento particular. Posteriormente se debe crear una decisión real y activa de cambio de actitud. Uno se dice a sí mismo “voy a hacer esto y lo voy a hacer de este modo concreto”. Posteriormente visualizas ese objeto de meditación y lo que has conseguido, así mismo también visualizas ese cambio de actitud que has dado. Esta fase de visualización también es increíblemente útil en el caso de los éxitos empresariales. Si deseas cerrar un trato, visualízate a ti mismo estrechando la mano y cerrando el trato, desea fervientemente eso y piensa qué se necesita para lograr ese objetivo.

Todo lo que se visualiza, se puede lograr. Solo es necesario entender qué pasos hay que dar para conseguirlo.

El último punto de la meditación sería salir poco a poco de ese estado de introspección en el que estamos cuando meditamos.

Esta es la forma que a mi los monjes budistas me enseñaron, pero cada tradición tiene su forma de meditar.

Durante mis primeras prácticas de meditación, solía realizar los cuatro primeros pasos (mindfulness, elección del objeto, actitud de cambio activo y visualización) y abría rápidamente los ojos, después tenía un fuerte dolor de cabeza que me dejaba KO durante unos minutos. Cuando aprendí a salir poco a poco de la meditación con la ayuda de personas bien entrenadas como los monjes budistas, he podido incorporar esta práctica a mi rutina diaria.

El mindfulness, el vaciado de los pensamientos, es una práctica muy válida de meditación, pero personalmente creo que está incompleta. Es muy útil en casos donde uno necesita relajarse, evadirse o volver a conectar con el momento presente.

El acceso tan increíble que está teniendo en las empresas se debe a los grandes beneficios que aporta a éstas: empleados más centrados en su trabajo y por consiguiente más productivos.

Piensa en tu escritorio por unos instantes y visualizarás que alrededor del ordenador hay pegados varios Post-It, papeles e informes desperdigados por la mesa, tu móvil con Whatsapp, el teléfono y otras distracciones como la bandeja de entrada de correo que no para de emitir nuevas notificaciones. Se nos ha hecho creer que trabajar en diferentes cosas al mismo tiempo nos hace más productivos, y eso es falso. El que mucho abarca, poco aprieta; y este dicho popular también es válido para este caso.

Una de las enseñanzas de esa fase de mindfulness es centrarse en el momento presente, focalizar nuestra atención sobre una única cosa. En el caso del mindfulness es la respiración. Este estado de concentración tan increíblemente sencillo de conseguir nos produce una mayor facilidad para concentrarnos en otras tareas laborales como crear un informe, una presentación o incluso escribir un artículo.

El psicólogo D. Goleman, gran practicante de la meditación y padre del concepto de Inteligencia Emocional, ya habló de que este tipo de métodos de concentración facilitan llegar al “estado de flujo laboral”. El estado de flujo es cuando el momento en el que uno está tan concentrado en su trabajo que las horas pasan volando, y lo hacen de forma productiva. Uno no está distraído con otras cosas, y cuando terminamos la jornada, al echar la vista atrás vemos todo lo que hemos logrado ese día. Es un estado de concentración tan profunda que nuestra mente parece que fluye de forma constante sobre la tarea que estemos realizando.

El estado de flujo es el ideal que todos los que practicamos meditaciones intentamos conseguir cuando trabajamos. Personalmente no he conseguido mantener mi estado de flujo más de dos horas seguidas. Es bastante complicado pero se puede entrenar.

Otra forma de vaciado de la mente es la práctica yoguica de contemplación donde uno debe relajarse, escuchar la respiración e ir tomando consciencia de cómo estamos situados en ese momento. Dónde tenemos situadas las piernas, en qué posición están, cómo se encuentran nuestros brazos, sentir nuestros dedos, y entender que todos estos miembros forman parte del momento actual. Una vez que conseguimos reconciliarnos con nosotros mismos, podemos escuchar el resto de cosas que suceden a nuestro alrededor: el sonido del teclado de nuestro compañero, su respiración, el sonido de los tacones sobre el suelo dos plantas más abajo, étc. Se basa en agudizar nuestro oído (interno y externo) y escuchar sencillamente lo que ocurre en ese momento. Esta práctica también es muy beneficiosa y sencilla de realizar en un espacio público como pueda ser una oficina o un autobús. Cuando volvemos a nuestra tarea rutinaria, lo haremos mucho más relajados, sosegados y pensando en el momento presente.

Mi profesora de yoga siempre dice “no gastéis energía en pensar en el pasado porque eso ya pertenece al mundo de los recuerdos, y no malgastéis tiempo en pensar en lo que sucederá”.

El mindfulness, la meditación o el yoga no son modas. Son prácticas que llevan realizándose desde hace muchísimo tiempo, pero que estamos importando y adaptándolas a nuestra forma actual de vivir. Sin duda, en occidente hemos importando esta forma de comportarnos, esta actitud tan oriental que estamos adoptando, y al mismo tiempo tan beneficiosa para nosotros y para nuestro entorno.

En España ya hay profesionales dedicados a impartir mindfulness a empresarios, cursos y retiros budistas para empleados y otras prácticas de relajación en el lugar de trabajo; pero siguen siendo empresas minoritarias las que han adoptado estas prácticas. El resto piensan que ser productivo es estar delante de un ordenador, o en el puesto laboral que te hayan encomendado. Y eso es engañarnos. Aún falta mucho camino por recorrer, pero poco a poco iremos adoptando esta práctica del mindfulness y rechazando el “multi-tasking”. Nuestro cerebro no está pensado para hacer muchas cosas de concentración a la vez. No nos engañemos, ser productivo significa conocernos mejor a nosotros mismos, nuestras limitaciones y nuestras virtudes. Potenciar estas últimas y concentrarnos en vivir el momento presente.

Y tú, ¿has practicado alguna técnica de relajación en el trabajo o en tu vida personal? Estaré encantado de escucharlo porque para mi sigue siendo un mundo completamente nuevo en el que estoy encantado de seguir profundizando.

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