Episodio 61. Minimalismo digital: cómo tener menos cosas nos hace más felices (supongo)

Desde hace unos años cualquier cosa que lleve la etiqueta de “minimalismo” hace que venda más. Cuando te dicen “esta televisión tiene un diseño minimalista” en mi cerebro se activan dos cosas al mismo tiempo. Por un lado pienso “¡Wow! ¡Qué bonita y sofisticada!” y por otro lado pienso “¡qué cara!”

Hemos logrado convertir el concepto de minimalismo en algo que se puede comprar y esto es directamente opuesto al minimalismo en sí. Pero al fin y al cabo es lo que sucede con todo: en el momento en el que puedes clasificarlo con un adjetivo también puedes colocarle una etiqueta de precio.

De todos modos no estoy aquí para hacer una crítica al concepto minimalista, sino que simplemente me apetecía usarlo en el título para rascar algunas visitas al blog. Pero de lo que realmente quiero hablar es de que cada vez tenemos más dispositivos que compramos para solucionar problemas reales, y que al final terminan dándonos nuevos problemas o sumando algunos que anteriormente no teníamos.

En mi caso yo me dedico a analizar productos de tecnología y es habitual que en el salón haya varios teléfonos encima del sofá, dos o tres ordenadores portátiles y varias tablets. Y lo más curioso es que para analizar estos nuevos productos, los uso de verdad. Eso significa que les pongo mis cuentas de Twitter, correo, Instagram, los sincronizo con iCloud o con Google según toque. Pero hace una semana o así llegué a un punto de histeria en el momento en el que empecé a recibir algunas notificaciones y estas se empezaron a replicar en todos los dispositivos que tenía en casa. Imagina una notificación de Twitter pero que en lugar de sonar en un dispositivo, sonara en 9. Y ahora imagina que en lugar de una notificación, son varias. Eso es exactamente lo que sucedió.

Obviamente lo primero que hice fue silenciar todos los dispositivos y después indagar sobre los permisos y notificaciones de cada uno de ellos. Pero me pareció una tarea muy tediosa: ir de dispositivo en dispositivo cambiando la configuración y los permisos. Me pareció poco operativo.

Lo mismo me sucede por ejemplo cuando quiero usar OmniFocus, lo tengo únicamente en el MacBook Pro, el iPad Pro y el iPhone XS; pero en ningún otro dispositivo. Por lo que si estoy con el Surface Book 2 y quiero añadir una tarea debo coger alguno de los otros dispositivos, y así con otras aplicaciones.

Debo reconocer que se me ha ido la mano con esto de los dispositivos personales y que a veces en lugar de ayudarme a enfocarme en ciertas tareas, lo que veo es que me distraen porque tengo que pensar en qué dispositivo tengo X o Y.

Curiosamente esto no es una cosa que solo me suceda a mí, le sucede a un montón de personas más. Sobre todo a aquellos a los que amamos los gadgets tenemos uno para cada cosa, y a veces un mismo dispositivo hace varias cosas, pero aún así nos buscamos las excusas pertinentes para tener otro que haga lo mismo.

Por este motivo en lugar de solucionar problemas a través de la tecnología y que esta nos sirva a nosotros, nos hemos creado unos nuevos problemas que van desde el déficit de atención a una necesidad de tener un dispositivo que haga una cosa concreta.
No se si esto te ocurre también a ti, pero a veces estoy sentado en el sofá jugando a la Nintendo Switch y durante los tiempos de carga saco el iPhone simplemente para desbloquearlo y volver a mi partida. Como si fuera un yonki digital de diferentes productos mis ojos siempre tienen que estar delante de una pantalla.

En mi caso la solución es bastante compleja debido a que como decía antes, mi trabajo (el cual adoro) se basa en probar productos tecnológicos; pero de momento he tomado algunas iniciativas para mantener mi atención sobre aquellos dispositivos que disfruto usando, y sobre todo que me sirven para un propósito y quizás esto también te sirva a ti:

  1. Solo dos teléfonos: el que uso a nivel personal y el que estoy probando en ese momento. Cuando un nuevo teléfono me llega para su análisis, lo que hago es apagar el anterior y meter la SIM en este nuevo. No tengo todos encendidos y actualizados.
  2. Un dispositivo por categoría de producto: por ejemplo, un ordenador portátil y no dos; un ordenador de sobremesa y no dos, una videoconsola y no dos. He guardado mi Xbox y PlayStation porque no las estoy usando, y cada vez que cogía la Nintendo Switch me sentía mal conmigo mismo de que estuvieran esas dos consolas ahí delante cogiendo polvo y al final terminaba encendido alguna de las dos simplemente para actualizarlas, ver las ofertas de alguna de las tiendas y apagarlas de nuevo. Así que lo que he hecho ha sido hacerme una lista en OmniFocus de los juegos que tengo sin terminar y cuando me ponga con un juego de una consola determinada, instalo esa consola y guardo la anterior. De ese modo estoy solo enfocado en un solo juego, en una sola plataforma y delimito el espacio. Y al no tener el resto de consolas tiradas por ahí no me siento culpable de no estar dándolas uso. Por el contrario pienso: ya la usaré cuando llegue el momento.
  3. Ser muy consciente del espacio que debe ocupar cada cosa. Con esto no me refiero solo al lugar de la casa en la que va a estar ubicado ese ordenador o esos auriculares; sino al momento en el que voy a usarlos.
  4. Maximizar el uso de cada dispositivo. Si tu teléfono móvil sirve para escuchar música y jugar a videojuegos, quizás no necesito un iPod (me declaro fan del iPod y para mi este punto es realmente doloroso y creo que lo incumpliré muchas veces), y quizás tampoco necesite videoconsolas portátiles. Es una realidad que los juegos de móviles cada vez son más avanzados y cada vez tienes menos la sensación de estar jugando a “juegos de móviles”. Y es realmente satisfactorio pensar que tu teléfono que te ha costado bastante dinero lo usas para más cosas además de WhatsApp.
  5. Elimina apps de forma habitual. Haz como la señora japonesa que se hizo famosa por su libro de “Spark Joy”. Ella tiene una frase relacionada habitualmente con las prendas de vestir que es “sostén la ropa, si te da alegría entonces quédatela y sino, tírala”. Pues lo mismo con las aplicaciones: “esa aplicación que te descargaste para probar y que no has vuelto a abrir, mira si te gusta, si te sirve para algo, si te inspira algo…y si no es así, elimínala”. A veces nuestros teléfonos móviles parecen vertederos digitales por la cantidad de aplicaciones que tenemos y que nunca abrimos. Si vamos a convertir nuestro teléfono en esa navaja suiza, debemos conocer bien qué podemos hacer con él y para ello cuánto más simple lo mantengamos, más provecho sacaremos de él.
  6. Limítate tu tiempo. Esto me lo voy a empezar a aplicar esta semana. A partir de las 8 de la tarde voy a dejar de trabajar, y no voy a usar ningún dispositivo que esté relacionado con trabajo: nada de teléfono móvil, nada de Mac…cero. Como dije antes en el punto 4, cada dispositivo tiene su espacio y mis herramientas de trabajo no tienen su espacio en mi entorno familiar.
    Si quiero ver una serie, conecto el Apple TV y la veo, pero no lo hago en el Mac porque sino, me sentiría culpable por estar viendo un capítulo en lugar de estar documentándome para el siguiente vídeo.

En definitiva, nada de lo que he dicho más arriba es dogmático y yo seré el primero que incumpla cada una de las cosas que he escrito. Al fin y al cabo lo que diferencia a los humanos de los gurús es que los humanos cometemos errores, pero esos errores y esas contradicciones es algo bonito que tenemos.

Y por supuesto, intenta que la tecnología, el exceso de ella, no te quite tiempo de tu vida real. Saca provecho de lo que tienes, exprímelo cuando sea necesario y no intentes solucionar problemas comprando un nuevo dispositivo porque quizás la solución la tienes ahí delante, en algo que ya tienes. Usa tus herramientas.

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El 100% irá destinado a mejorar mi contenido en YouTube y en crear un canal de tecnología en español que quite el hipo.

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